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Este término se refiere a las Casas de apuestas en un tono claramente despectivo, en negativo. En realidad las casas, las tradicionales al menos, son el rival al que el apostante tiene que enfrentarse para obtener beneficios y también las que consiguen ganancias cuando se falla un Pronóstico y se pierden las unidades invertidas.

También motiva este apelativo algunas prácticas censurables de determinadas casas que suelen enfadar a los apostantes cuando no se aceptan determinadas apuestas o las limitan o se producen variaciones sospechosas en las cuotas.
 

Esta expresión inglesa define una mala Racha del apostante en la que encadena continuadas apuestas perdidas ya sea porque le ha abandonado la fortuna, una mala elección, un equivocado análisis o una combinación de las tres cosas.

El apostante se expone a perder igual que a ganar, por lo que la clave está en relativizar tanto las buenas rachas como las malas y ponerse un tope o stop-loss para limitar las pérdidas.