Valencia C.F.: Más allá del fútbol

El Valencia C.F.s ya es sexto en la Liga, empatado a puntos con tres equipos más, está eliminado de la Uefa y de la Copa del Rey. Sin embargo, y a pesar de que las apuestas en este club descenderán por su clasificación, la confianza se pierde en su interior. El juego es clave para la trayectoria de un equipo, pero los resultados se logran tanto en los despaches, como en el vestuario como en el césped.

No sólo se refleja en el campo el caos del Valencia C.F. La caída futbolística del equipo Che es lo que menos debe preocupar a sus aficionados porque la raíz está de fondo. Hace años que la alocada dinámica de los despachos y vestuario de los valencianistas se resiente, como es lógico, en el césped. Que Unai Emery no encuentra su juego es evidente, pero ¿qué pasó con Quique o con Koeman? 

 El Valencia C.F. lleva años sin la tranquilidad necesaria para alcanzar los logros que durante los anteriores había regalado a su afición. Cuando escucho que el jugador, con lo que cobra, debe estar por encima de los temas extradeportivos no puedo evitar que se me dibuje una enorme sonrisa con perfil irónico. ¿Alguien paga a un profesional, de lo que sea, por dejar de ser persona? 

Cualquier profesión debe contar con la entrega de sus trabajadores y el cumplimiento absoluto de sus obligaciones, incluso por encima del incumplimiento 'humano' del compromiso laboral de sus superiores. Sin embargo, nadie está aislado de su entorno y es inevitable que los acontecimientos que moldean el día a día se achaquen en el funcionamiento, inconsciente, del profesional (por cierto, compuesto de un organismo llamado cuerpo 'humano').

El equipo Che salió de la 'etapa tuzonista' (gobernada por el gran presidente Arturo Tuzón) y comenzó a ser víctima de las idas y venidas de cabezas de mando que no sabían engendrar la tranquilidad social del anterior, que saneó a un club comido por las deudas y descendido a Segunda División pero que siempre dio una imagen intachable de su entidad. Aún así, y a pesar de algún otro presidente poco honesto para la marabunta de Mestalla, ha sido campeón de Liga, de la Copa y la Uefa.

El Valencia pasó por los mejores años de su historia y en la capital del Túria creyeron que había llegado el momento de sentirse grandes. ¿Cuándo empezó el alboroto? Después de lograr salir de un declive en su trayectoria y subir escaños en su reputación europea. No todos los jugadores supieron asumirlo y no todos los que se acercaron al sillón de arriba pensaban sólo en mejorar la vitrina de Mestalla.

La grandeza de los titulares se convirtió en miseria de puertas para adentro. Unos compañeros querían destacar más que otros, unos querían mandar más que otros, y esa realidad desestructuró un vestuario que si algo había logrado en su corto pasado era crear un equipo con mayúsculas. Los rencores del pasado y los grupos unidos por una insana meta, como acabar con un nombre o un sistema, fueron quemando, como algunos medios publican, anticipándose a las Fallas, los alrededor del Valencia C.F., hasta arder en llama alta y potente el salón centrar que da sentido a toda esta historia, el que se decora con una alfrombra verde.

Hoy sigue sn estar limpio de cenizas el terreno de juego, porque cuando no se barre hacia afuera vuelven a entrar los restos de residuos. No han desaparecido los grupos internos, ni los intereses personales, ni ha aparecido nadie que imponga autoridad en el vestuario, y en su defecto, en unos despachos, que siembran desunión y miedo a perder lo que ya no tienen, prestigio social.

Emery puede ser responsable de no saber encontrar la paz y la igualdad entre sus jugadores, y en consecuencia, ser incapaz de que estén lo suficientemente atentos a la única verdad, un juego, porque ¿a que juega el Valencia? Sin embargo, no es justo hacerle responsable de una situación que este equipo viene arrastrando y para la que no encontró a su salvador. 

Ayer no jugó David Villa y su ausencia mostró, un poco más, los vacíos del Valencia C.F., ¿alguien piensa que un jugador de su nivel querrá seguir en un equipo como éste? Hagan sus apuestas.