Tenis: Padres que envenenan

El tenis es uno de los deportes dónde los jugadores tienen que enfrentarse, especialmente, a padres que envenenan su carrera o les crean problemas. Multitud de apuestas de futuro se ven aplacadas por unos tutores que ayudan a que sus hijos se queden en el camino.

Ayer se hacía pública la sanción que la promesa del tenis, Bernard Tomic, tendrá que pagar por mala conducta. El joven australiano tendrá que ausentarse hasta el 6 de abril de las pistas y pagar 1.560 dólares por decisión de la ITF. Este hecho es un reflejo más de la mala influencia que un padre puede ejercer sobre un tenista, su tutor le obligó a abandonar en diciembre el torneo de Peth después de protagonizar un enfrentamiento grave con el árbitro, le acusaba de hacer caso omiso a faltas cometidas por su rival, Marinko Matosevic.

Y éste no es un caso aislado. Curiosamente, fue otra familia australiana, los Dokic, la que dio vida al último escándalo entre padres e hijos en el mundo del tenis. Con 19 años, Jelena Dokic alcanzaba el número 4 del mundo tras ser semifinalista de Wimbledon en 2002. Después de ser una de las más relevantes promesas del tenis femenino mundial, descendió 183 puestos en el ranking WTA para retirarse después. ¿La razón más importante? la agresividad y carácter paranoico de su padre, pensaba que todo el mundo confabulaba contra su hija. Llegó a hacer comentarios xenófobos, acusadores y violentos sobre colectivos y personas, entre ellos el novio de Jelena.

Por suerte, el pasado mes de enero recibió una wild card de la organización del Abierto de Australia y reapareció en la pista, exhibiendo un tenis espectacular y alcanzando los cuartos de final, fue eliminada por la finalista Safina. Fue en este torneo cuando la australiana de 25 años se desvinculó públicamente de su antiguo tutor. La joven Dokic admitió haber perdido la mitad de su fortuna en manos de su derrochador padre y no querer ni verle, ya que fue el responsable del fracaso en la primera fase de su carrera.

Sin embargo, no son los australianos los únicos que han resultado heridos en el tenis por sus famílias. ¿Alguien no se acuerda de la recién retirada Martina Hingis? Es tan habitual el envenenamiento (en muchas ocasiones inconsciente y desde el amor) de los padres sobre la vida profesional de los tenistas, que se han elaborado diversos estudios del por qué y la posterior ayuda para evitarlo.

Los entrenadores de tenis están hartos de proclamar la dificultad que tienen para tratar con los progenitores, la incomodidad en la que muchas veces se convierten y cómo son ellos los que en a veces tiran la carrera de los pequeños talentosos por la borda.

La explicación del por qué en este deporte es más compleja la relación entre padres e hijos es larga y complicada. Pero hay algunos puntos que han llamado mi atención: en una pista de tenis, individual y en la que el jugador tiene que adaptarse a diversos cambios que proceden del rival, del clima, de la pista o las circunstancias, se ponen de manifiesto en gran medida tanto los defectos como las virtudes de los niños. Cualquier exaltación del carácter complica la relación con los demás, especialmente con los más allegados que intentan manejar este hecho, cuando no les toca a ellos.

Además, hay que tener en cuenta que la influencia de unos padres que generan ilusiones en el futuro profesional de sus hijos crece cuando, incluso, suelen estar juntos en el mismo club. En la carrera de un joven tenista no interfieren más que ellos y los entrenadores, que deberían ser los que llevaran la batuta pero a los que la soberbia, interés y desconfianza de algunos tutores les impide desarrollar su trabajo con soltura. No se olvide que, normalmente, los tenistas proceden de familias con altos ingresos y buena situación social.

Lograr los puntos de un partido es lo único que vale en el tenis. Así que la presión para captar el poder en el momento desvirtúa la concepción de futuro, ansiedad y un coctel de emociones que magnifican todos los instantes, saltan chispas.

Para un niño o adolescente la figura de su familia es fundamental, y por eso son ellos los que deben marcar las prioridades: la básica, la felicidad de su hijo. Según los diversos estudios realizados si los padres del joven tenista lograran no estar activamente involucrado en su vida tenística, comunicarse con los pequeños evitando términos como 'jugamos' o 'tienes que ganar', así como si comprendieran que si logran darle importancia a una trayectoria y no a un partido lograrían que su hijo se relajara y jugara más agusto, muchas promesas que prometen grandes apuestas no se quedarían en el camino.

Los castigos, los premios y las comparaciones tampoco son bienvenidas en un mundo en el que la individualidad es la baza más importante para triunfar pero al mismo tiempo el arma más peligrosa que se pone en juego.