ATP: Ram sí, Peer no

La ATP ha carecido de implicación social en el Caso Peer. "Ningún jugador, que se clasifica para jugar un torneo del circuito mundial de la ATP, debe ver negado su derecho a hacerlo por motivos étnicos, de nacionalidad o religiosos. Estamos satisfechos porque el torneo de Dubai y los Emiratos Árabes Unidos hayan demostrado que comparten esta opinión", así se expresó el presidente de la ATP, Adam Helfant, al conocer que finalmente el tenista israelí, Andy Ram, podrá disputar el torneo de tenis de Dubai.

Es inconcebible que la ATP, aunque se trate de una organización distinta a la que representa Peer, se muestre 'satisfecha' cuando hace tan sólo unos días a una profesional del mismo deporte y también israelí, Shahar Peer, se le impidió acceder a la misma competición por su nacionalidad. Y, hoy, yo me planteo si también por su sexo.

Mientras que Ram ha recibido un 'permiso especial' por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, la misma sede ha alegado que la tenista compatriota "podría generar problemas con el público, además de esgrimir como otro motivo el elevado sentimiento de repulsa que se tiene en Oriente Próximo contra todo lo que puede representar la señora Peer", inciden desde un medio nacional.

No sólo es despreciable que se siga vinculando de una manera tan directa el deporte y la política, sino que, para más inri, se haga discriminación sexual dentro de él.

No sabría a quién responsabilizar del daño 'no evitado' a Peer. Podría ser tozudez del ministerio anfitrión o poco apoyo por parte de los responsables de la WTA. Sin embargo, la crítica la lanzo al presidente de la ATP porque si mirar hacia otro lado cuando 'yo me salvo el pellejo' ya es falta de elegancia, regocijarse en el logro y felicitar a los responsables políticos por haberlo hecho posible, mientras hay otra persona en la misma situación y a la que han ignorado y, lo que es peor, perjudicado, es deleznable.

Hace pocos días escribí algunas líneas de enhorabuena en Punto de Break hacia Rafael Nadal y Roger Federer por, a pesar de no tener la necesidad, su comportamiento siempre fiel a los principios y a la solidaridad. De la misma forma, me veo en la obligación moral y social de recriminar actitudes de tan bajo compromiso de fidelidad a las injusticias, en especial, viniendo del representante de una organización de origen asociativo y con bases marcadas por la deportividad.