Apuestas Fútbol Mexicano: Un Correcamino devorado por un despropósito

Con tantos temas que hay en el fútbol, ¿por qué hablar del Correcaminos, de la Liga de Ascenso mexicana?

Simplemente, porque el Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tampico es un grande en el fútbol de ascenso mexicano y merece una líneas al momento que está atravesando.

Muy común es ver en México al término de un torneo la compra y venta de franquicias, ese sucio mercado que temrina con la ilusión, tradición y trayectoria de distintos equipos del ascenso a lo largo y ancho del país.

Sencillamente, un club, equipo o sede puede permanecer en el fútbol profesional una sola temporada, quedando en el olvido en la siguiente porque la franquicia se mudó a la otra punta del país, cambiando por supuesto, residencia y nombre. Eso pasó con el Real Sociedad de Zacatecas (1996 - 2003), Zitácuaro (1999-2002), Cihuatlán (1998-2003), Gavilanes (2002-2003), Colibríes de Cuernavaca (2002 - 2003), Estudiantes Santander, Inter Riviera Maya, Petroleros de Salamanca, entre otros.

Pero hoy, el turno de pender en la cuerda floja lo está atravesando uno de los equipos tradicionales no sólo de la categoría sino del fútbol mexicano en general: el Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas podría decirle adiós al fútbol.

El presente financiero de la Universidad, principal patrocinador y dueño del equipo, está pasando por un momento de incertidumbre y los posibles reordenamientos podrían afectar en primer lugar, al fútbol profesional, quitándole el apoyo económico y así profundizando aún más la crisis para palear los 200 millones de pesos que tiene el equipo de fútbol de la universidad de déficit (aproximadamente un millón de euros).

Si bien tiene apenas 30 años de historia, los Correcaminos son un clásico en la liga del ascenso hasta alguna vez se dio el gusto de jugar en el máximo circuito mexicano, ganando el ascenso en buena ley y comprando franquicias en otro.

Pero justamente ése es el inconveniente: la compra y venta de franquicias degeneran a un fútbol, el de ascenso mexicano, que no valora pasión y genera raíces firmes en un lugar determinado. Sin llegar a ser nómades, el afincamiento necesario para generar una tradición o un gusto regional por la cultura del fútbol, con un lógico posterior crecimiento institucional, es ajeno en esas latitudes. El fútbol de ascenso siempre es dejado de lado, y aunque le cambie el nombre y simulen un interés ficticio, siempre las categorías inferiores estarán delegadas a las suerte empresarial más que a la fuerza de un sentimiento que arraigue los colores a su determinado lugar en el mundo.

El caso típico y sucedido en Primera división fue la mudanza del Atlante, un equipo traidicional de la Ciudad de México a las hermosas pero alejadas playas de la Riviera Maya.

La suerte del destino junto a los números vomitados por una fría máquina de calcular dependen de las decisiones que se les ocurra a un par de "encorbatados" que "juegan" al fútbol detrás de un escritorio. Esta vez les tocó a los Correcaminos, que como su homónimo de caricatura, seguirá escapando que se lo engulla esta vez, otros enemigos: las finanzas y el olvido.

Y probablemente, este sea el origen de unos nuevos viejos inconvenientes que sufre el fútbol mexicano: la displicencia para prevenir y después no sufrir y el limitado mercado para explotar y descubrir nuevos valores profesionales.

Hoy, Correcaminos se sitúa en el quinto puesto en la Liga de Ascenso con trece unidades, cinco menos que el puntero, Irapuato. Por su campeonato y, por ende, ascenso, bwin paga @ 17.00. El favorito, Necaxa, @ 3,00.

Aquí no hay Coyotes, ni artefactos marca ACME que lo acosen pero este Correcaminos igualmente corre riesgo de ser devorado no sólo por la indiferencia sino por un nuevo despropósito del fútbol.