Apuestas Seguras, ¿existen las apuestas seguras?

Cuando uno empieza a apostar es muy común encontrarse con pensamientos tipo 'este partido es imposible que no lo gane tal equipo o jugador'. A continuación lo normal es jugar una cantidad muy elevada de dinero a esa apuesta, faltando a las normas de control de Stake básicas en un apostador. Algunas veces esa apuesta se acertará y la autoestima del apostador crecerá, de manera que la próxima vez que se vea en una situación parecida repetirá su jugada maestra, hasta el día que tal equipo o jugador a priori indestructibles, pierden. Casos hay miles en el mundo del deporte, todas las semanas hay apuestas con cuotas menores de 1.05 que se fallan, muchas más de las que podríamos imaginar.

Ejemplos

Como ejemplos típicos podemos comentar dos partidos de finales de la Champions League que todos recordaremos: ¿Quién iba a imaginar que el Manchester remontaría y acabaría ganando si el Bayern Munich ganaba en el minuto 91? ¿Quién iba a imaginar que con 3-0 al descanso el Milan acabaría perdiendo la Champions contra el Liverpool? Y más aún, Copa África, partido entre Angola y Malí resultado 4-0 minuto 80, resultado final 4-4. No solo el fútbol tiene sorpresas, en tenis al ser un deporte individual, hasta el mejor tenista puede perder contra casi cualquiera si tiene un mal día, se trata de un hombre contra otro y hay muchos factores que influyen como motivación, estado físico, vida privada del tenista, etc. En deportes de motor como F1 o motociclismo en más de una ocasión el corredor que iba primero destacado con la victoria en el bolsillo, ha sufrido un accidente o una avería, que le pregunten a nuestro Carlos Sainz…

De igual manera ocurre en la mayoría de deportes, no es lo habitual ni lo más lógico pero ocurre, por lo que tenemos que tener siempre presente que cualquier apuesta por segura que parezca, es susceptible de que la perdamos, por lo que el control de stake, es decir, saber controlar la cantidad de dinero que jugamos en cada apuesta, es fundamental para poder convertirnos en buenos apostadores.