Amaños en el deporte y las apuestas

Desde que existen las apuestas deportivas, existen los amaños. El famoso 'maletín' cobra, con el éxito de las apuestas online, una nueva dimensión. Hemos podido ver un ejemplo reciente en el encuentro de la jornada 34 de la Liga BBVA entre el Levante y el Sporting de Gijón, donde ambos equipos se mostraban contentos con el empate que les valía para alejarse de puestos del descenso. Las casas de apuestas son conscientes de estas situaciones y de hecho la cuota a la X en el 1-X-2 no era excesivamente alta, especialmente si tenemos en cuenta que el empate es normalmente el resultado que más se cotiza en las apuestas de fútbol. Sin embargo, parece que a los responsables de Bwin la complacencia de ambos equipos sobre un campo de fútbol que acabó coreando 'que se besen, que se besen', ha levantado las sospechas de que hay algo más. La casa de apuestas con sede en Viena no ha pagado las apuestas que se habían hecho al empate y ha denunciado el caso a la Asociación Europea de Seguridad en el Deporte que vela por el juego limpio.

La suspensión de los pagos hasta que se concluya la investigación es el procedimiento habitual cuando hay sospecha de amaño, y además suele tardar bastante en resolverse. En el caso del Levante-Sporting, Bwin es la única casa que sospecha que algún jugador pudiera haber hecho apuestas en su propio beneficio, pues aunque parece que sí ha habido acuerdo tácito, no se ve indicios de que haya intereses por apuestas sino simplemente beneficio mútuo entre los equipos. Normalmente, los bookies sospechan cuando las apuestas a un evento, en concreto a un resultado, aumentan sin motivo aparente.

Este fue el caso del partido de tenis entre Nikolay Davydenko y el argentino Martín Vasallo Argüello. En 2007, mientras jugaba en Polonia, el tenista ruso ganó el primer set (por lo que las apuestas en la mayoría de casas se mantienen aunque no se finalice el encuentro), perdió el segundo y se retiró en el tercero. Hasta aquí todo normal. El problema es que Betfair detectó un volumen de apuestas para ese partido hasta un 10% más alto de lo que sería habitual y la mayoría de ellas eran a favor del argentino, por entonces nº87 del ránking de la ATP.

Otro ejemplo lo vimos el año pasado con partidos como el que enfrentaba al Chievo y al Catania en la Serie A de fútbol italiano. En una situación similar al Levante-Sporting, también empataron pero las casas de apuestas decidieron suspender las apuestas e investigar el partido porque se detectaron demasiadas coincidencias en el mercado ya no del empate sino en el de Marcador Correcto (el resultado fue de 1-1). El fútbol italiano es un clásico en el amaño de partidos y si no que se lo digan a la Juventus, que fue castigada a la segunda división en 2006 y se le despojó de sus dos últimos títulos de liga por 'comprar' arbitros (también se implicó al AC Milan, Lazio, Fiorentina y de manera directa al mismísimo Gianluigi Buffon, portero de la selección italiana que luego fue absuelto de las acusaciones por apuestas ilegales). De hecho, muchas veces no se ofrecen cuotas para los encuentros de la Serie B o se hace muy cerca del inicio de la jornada para evitar manipulaciones en los resultados.

En los países en los que hay una tradición de apuestas mayor que en España, como Italia, los casos de amaños en las apuestas son casi una constante. En el Reino Unido, por ejemplo se vivió en 2010 uno de los mayores escándalos en el mundo del cricket. Tres jugadores de la selección pakistaní fueron pillados 'in fraganti' aceptando 150.000 libras por amañar unos puntos. En este caso ni siquiera se trataba de cambiar el resultado del partido sino de puntos concretos. Esta modalidad también es característica del tenis, donde se puede apostar al ganador del próximo juego o a quien perderá primero el saque, etc.

Los árbitros, con apuestas tipo 'Nº de tarjetas', son figuras muy tentadas por el dinero extra que supone hacer un poquito de trampa. Casos como el de Robert Hoyzer en la Bundesliga en 2005 o del brasileño Édilson, son ejemplos que pasarán a la historia como árbitros de primera que han reconocido su implicación en la manipulación de partidos para ganar apuestas. Jugadores, árbitros, todo el equipo, el club... Hasta los operarios de las luces de un estadio de fútbol pueden ceder ante la tentación. En 1999 se descubrió una banda de corredores de apuestas de Malasia que se dedicaba a sobornar a los técnicos de los focos de estadios de la Premier League para que los hicieran fallar y se tuvieran que suspenden los partidos tras la media parte (las apuestas de la primera mitad se mantienen y a veces incluso las del resultado final) cuando el marcador era conveniente.

Las casas de apuestas tienen una difícil tarea de intentar distinguir entre los amaños que incumben sólo a los equipos y los que están hechos para obtener beneficios de las apuestas. Más apuestas de lo habitual o una apuesta demasiado alta a un resultado no esperado son las pistas que pueden justificar, ante la sospecha, la devolución de todo lo apostado -sería muy difícil demostrar que todos los jugadores sabían que se trataba de un partido manipulado.