Buscando apuestas “imposibles” para trading

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Las casas de apuestas venden la inversión en pronósticos deportivos como la gran oportunidad para ganar mucho dinero en muy poco tiempo.

El prototipo de apostante que interesa a las casas de apuestas es el que invierte una gran cantidad de dinero, en relación con su capital total, en dos tipos de apuestas: pequeñas apuestas a cuotas altas con baja probabilidad de salir, y grandes apuestas a cuotas extremadamente bajas, con una probabilidad de salir bastante alta.

Unas probabilidades que el mismo apostante desconoce; simplemente apuesta por la esperanza de obtener un dinero fácil o una gran cantidad en un solo día. El problema de las cuotas muy bajas no es que no salgan, al contrario, tienen una probabilidad muy alta de salir y lo harán en la mayoría de ocasiones.

El problema es que para ganar una cantidad tangible de dinero hay que apostar muy fuerte. Eso hace que podamos ganar de forma regular, pero en el momento en que dejemos de hacerlo perderemos todo lo conseguido hasta el momento. Con las cuotas altas pasa lo contrario; no ganamos casi nunca, pero la esperanza de poder hacerlo incentiva que sigamos jugando en busca de ese gran premio. Apuesta a apuesta, nuestro bankroll se va debilitando, mientras vemos como nuestras combinadas de 10 encuentros fallan por 1 solo partido.

¿Debe huir el apostante experimentado de este tipo de cuotas? ¿Debe de centrarse en cuotas @1.90-@2 y jugar de forma largo-placista? No estoy tan convencido de ello. El valor en una apuesta deportiva puede estar en cualquier cuota. Desde mi punto de vista, sí que creo que apostar a favor de las cuotas bajas tiene una rentabilidad esperada difícil de calcular, sobre todo para trading.

El margen de maniobra que se tiene con ese tipo de cuotas es muy reducido, y el cierre en las operaciones se come una parte importante de los beneficios obtenidos. En cambio, con las cuotas altas pasa todo lo contrario. A diferencia de las apuestas convencionales, el trading es especialmente práctico en ese tipo de operaciones, siempre y cuando la selección de encuentro haya sido óptima.

No quisiera ser excesivamente sensacionalista, ya que la victoria de Grecia en la Euro 2004 o la del Leicester en la Premier League de 2016 son sucesos extremadamente aislados, probablemente con una esperanza esperada negativa en sus apuestas. Pero hay otros ejemplos de cuotas altas que han pasado a ser favoritas… para luego acabar no saliendo. Y ese es uno de los puntos donde en el trading deportivo surge la magia.

Ejemplos como la final de Champions de 2005, donde el Liverpool perdía 3-0 al descanso ante el Milán de Ancelotti, o la final de UEFA de 2001, donde el mismo equipo inglés vencía 3-1 al término de la primera mitad a un semi-desconocido en Europa, Deportivo Alavés. Son dos casos de cuotas muy altas que en un punto del partido llegaron a estar a la par que la cuota favorita. En una final el equipo que venía por detrás acabó venciendo, y en la otra el favorito fue el que evitó la sorpresa de forma dramática para el perdedor. Para el trader, el resultado final es casi siempre indiferente, lo que realmente le importa son los puntos de inflexión.

Situémonos en la final de Estambul. El Milan vence por 3 goles a 0 al Liverpool, y las cuotas a ganador de partido son éstas:

Lay al Milan: ¿ilusión o apuesta por valor? Recordemos que en el trading no es necesario que nuestro lay acabe siendo ganador, simplemente necesitamos una subida de cuotas (en fútbol provocada generalmente por un gol o una expulsión) para poder cerrar nuestra operación.

Habrá veces que nuestro lay no saldrá, y simplemente perderemos un pequeño stake, habrá otras que subirá lo justo como para poder cerrar la operación con beneficios, y en un número reducido de ocasiones, tendremos la fortuna de entrar al mercado en plena remontada del equipo que va perdiendo, como sucedió en esta final en la que el Liverpool anotó 3 tantos en 5 minutos, del minuto 54 al minuto 60.

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Siendo realistas, éste no es el escenario que buscamos cuando entramos en una operación de este estilo, pero nosotros tampoco podemos controlar lo que va a pasar en el encuentro. En el momento de entrar esperamos una reacción del equipo que va perdiendo, y lo que suceda después ya es un extra. En este encuentro, apenas anotado el 3-1 llegó el 3-2, por lo que evaluando la situación, es posible que hubiéramos decidido quedarnos unos minutos más dentro del mercado para ver si el conjunto inglés podía, al menos, lograr la igualada.

La captura con la que concluimos el artículo es el ejemplo de cómo multiplicar por 20 nuestra inversión inicial sin necesidad de acertar el resultado final del encuentro. Puede parecer oportunista (y lo es) pero la misma operación de 3-0 a 3-1 también nos hubiera reportado buenos beneficios.

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Ejemplos de remontadas épicas hay algunos: la final de Champions de 1999 donde el Manchester remontó 2 goles al Bayern en el tiempo añadido, la remontada copera del Barcelona tras ir 0-3 en el descanso para vencer 5-4 al Atlético de Madrid, o los 2 goles en 5 minutos que sirvieron al Borussia de Dortmund para alejar al Málaga de las semifinales de Champions de 2013.

Ahora, ¿cuántos ejemplos hay de no-remontadas? Partidos en los que un equipo va 3-0 abajo y acaba perdiendo 3-2. O incluso iguala el marcador a 3 y finalmente acaba perdiendo el encuentro. Infinitos. En el trading, repetimos, no hace falta que se den los resultados al final del encuentro, basta con que la cuota que nos interesa suba su precio en algún punto del mismo para poder llevarnos los beneficios, pase lo que pase al final.

De la misma forma que en las apuestas convencionales a las casas les interesa que juguemos este tipo de apuestas sin medida, con una buena selección de encuentros y un poco de suerte, podemos trazar estrategias para darle la vuelta a la situación y poner la ventaja de nuestro lado en los mercados de intercambio.